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¿Y si nos escuchamos?

Hace algunos días, esperaba un vuelo que siempre va con retraso, era tarde, tenía ganas de volver a casa, y de repente empecé a sentirme muy bien

reviviendo momentos que había disfrutado trabajando con personas excepcionales, valientes, a las que había hablado y sobretodo a las que había escuchado

y que se habían despojado de la primera capa, dura e incómoda para después, quedándose mucho más ligeras, dar un paseo de la mano por zonas difíciles

por las que me siento honrada al haberlas podido acompañar, eso es lo que adoro de mi trabajo y desde ahí cualquier cosa maravillosa se puede esperar..

Pues bien, llevada esta experiencia a una conversación con mi amigo Paco Aranda, surgió este post.

Hablo,  pero no a grandes auditorios. Frecuentemente hablo a grupos de personas, y a menudo hablo a una persona en concreto.

La persona a la que dedico mi tiempo.

Hablo, y hablo, y le quiero transmitir mis conocimientos. Porque tengo necesidad de que esa persona me escuche.

Y ocurre que en un momento dado dejo de hablar. Y soy yo quién escucha.

Y se me abre un mundo nuevo.

Escucho, y encuentro la magia. La magia de las palabras que brotan y que me conectan.

Escucho porque tengo aún más necesidad de aprender, de enriquecerme.

Y escucho en silencio, porque soy consciente de ser un testigo privilegiado, de un acontecimiento especial que ocurre delante de mí, en la que soy testigo de la transformación del que habla en la confianza creada por el que escucha con respeto.

Soy testigo de la sinceridad. Soy testigo de la verdad.

Del aflorar los sentimientos.

Aprendo la necesidad de escuchar y soy consciente de que mis palabras ahí valen menos.

Que mi silencio vale mucho más, como lo vale mi atención, y mi estima.

Aprendo a escuchar y a sentirme más cerca de quién tengo conmigo. Me siento cerca y siento nacer una relación especial que no nacería si no escuchara.

Pienso entonces que soy una privilegiada. Que mi profesión es un lugar maravilloso para escuchar y enriquecerme. Y pienso que la principal parte de mi

trabajo ya no es hablar, sino escuchar y saber escuchar.

En el trabajo y en la vida.

Como ahora, que escribiendo esto, pienso en aquellos a los que me gusta escuchar.

Aquellos que se acercan a mí y me mecen con sus palabras. Con la cadencia de sus susurros, o la claridad de sus labios.

Me gusta entretenerme en silencio viendo cómo me hablan, cómo lo hacen para mí en exclusiva.

Y siento también que soy una privilegiada.

Porque me hablan a mí y sólo yo les escucho.

Y allí, en la soledad acompañada, me dejo llevar y nos unimos.

20

2016

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